Volver a sonreír

Empezar el nuevo año, una vez más, intentando conectar el cerebro con el corazón, para esta vez sí hacer las cosas bien.
Esta vez sí, esta vez sí…
¿No puede ser tan complicado después de todo, verdad?
Que tienes miedo, claro que lo tienes, en cada paso y al subir cada peldaño, pero puedes más que eso.
Porque puede dejar de temblar el cuerpo cuando mencionan un nombre. Porque, al sentir cómo recorre la sangre por tu cuerpo cada vez que estás imaginando en hacer aquello que siempre quisiste, puede dejar de dar temor.
Porque defines al amor como una mierda, y por fin, aprendes a no ilusionarte con un rollito romántico pintado de colores.
Porque te compras libros, defines destinos de viaje, te tomas una cerveza helada, y todo está bien.
¡ Vamos a por un año en el que cada cosa que hagamos, nos genere una sonrisa como abono para el alma!

Para lo que nacimos

A lo largo de nuestra vida, nos preguntamos cuál es nuestro propósito en ella. Creemos que estamos aquí para ser buenos hijos, novios, esposos, amantes, profesionales, padres, compañeros, etc…

Pasamos por todas las etapas para, en cada una de ellas, hacer feliz a alguien; pero nos olvidamos de lo primordial, nuestra felicidad. 

Esa felicidad que te da leer un libro a solas, surfear como si el mar tuviese piso, jugar tu deporte favorito con los ánimos de un novato siendo observado por el mejor DT, cantar frente al mejor jurado, escribir como si fuese el último párrafo de tu libro y bailar con la entrega de un concursante en NY.

Quizá hemos tenido miedo, lo tenemos aún y lo tendremos cada vez que queramos lanzarnos a algo que nos llena el alma; pero no hay momento que sea demasiado tarde para comenzar con lo que llenará tu vida de los mejores recuerdos y momentos para contar. 

Sin más… ¡A por ello!

Que soñar, intentar y caer, dejan las mejores cicatrices.